La huella que dejamos

 

A finales de agosto, un grupo de amigas y amigos estuvimos en el Pirineo haciendo montaña durante una semana. Solemos hacerlo cada dos años y, en esta ocasión, elegimos el valle del Aragón. El tercer día hicimos la ruta de los Ibones de Anayet por la Canal Roya.

Por la tarde, mientras volvíamos al refugio, comentábamos la situación de este entorno natural, amenazado por el proyecto de unión de las estaciones de esquí de Astún y Formigal. Una propuesta aparentemente olvidada, pero que sigue presente en la mente de gente de la política y empresarios de la nieve, aunque ahora no se den las condiciones, sobre todo económicas, para sacarlo adelante. Habíamos disfrutado de una ruta en este territorio virgen y nos había llamado la atención lo limpio que habíamos encontrado todo, sobre todo en la explanada de los ibones, que sabemos que es un lugar muy concurrido. Alguien nos comentó que el mérito no era solo de los senderistas y nos habló de una asociación, Tena Limpio, formada por personas voluntarias preocupadas por la limpieza de los entornos naturales. Durante los meses de verano, cuando la afluencia a las montañas aragonesas es masiva, se citan algunos domingos y recogen las basuras que dejan los visitantes. El último domingo de julio de este año recogieron casi 200 kilogramos de basura en el entorno de los ibones de Anayet, y los portavoces de la asociación denuncian que a lo largo de un año pueden llegar a recoger una tonelada de basura.

Ya hace unos años, una influencer generó polémica cuando publicó unas imágenes en las que se la veía en la Cola de Caballo, de Ordesa, bañándose en la cascada y dejando sueltos a sus perros.

Pero no hace falta remontarse tan lejos. A lo largo del verano hemos podido conocer diversas situaciones que ilustran un fenómeno cada vez más preocupante: La utilización de la montaña como escenario de influencers más o menos profesionales.

Hace unas semanas, un guía de montaña intentaba anticiparse a lo que podría convertirse en tendencia: colgar “candados del amor” en las cadenas que se colocan en algunos pasos delicados de los senderos para asegurar a los montañeros.El guía denuncia que si esta práctica se convierte en costumbre, estas cadenas pueden perder su eficacia.

A principios de agosto, el guarda del refugio de Viadós, se lamentaba en distintos medios de comunicación de las conductas incívicas de algunas personas que frecuentaban esa zona. Estaba detectando un incremento alarmante de basuras acumuladas; incluso encontró una esterilla flotando en uno de los ibones de la zona. Denunciaba una falta de cultura montañera que obliga al personal de los refugios a enseñar a los usuarios las normas básicas de comportamiento en entornos naturales.

En redes sociales es habitual encontrar denuncias de personas que han visto a grupos alrededor de una hoguera en un parque nacional, a gente bañándose en los ibones o a senderistas que caminan con su altavoz bluetooth con el volumen a tope.

Aumenta exponencialmente la presión sobre lugares conocidos por su belleza o sus condiciones específicas, y muchas personas acuden a ellos animadas por historias compartidas en algunas redes sociales. En muchos casos, estos visitantes ocasionales no son capaces de comprender que no están en un ambiente urbano, sino en entornos delicados que requieren el respeto de quienes los disfrutan. Tampoco entienden que es más importante preservar la naturaleza que conseguir una fotografía impactante o unos cientos de visitas gracias a un comportamiento inapropiado. También cuesta inculcar la necesidad de llevarse del monte cualquier residuo que generemos. No siempre tenemos conciencia del impacto ambiental que un gesto inocente, como ocultar tras unas matas una piel de plátano, puede suponer cuando se repite cientos o miles de veces en el mismo lugar.

Estas actitudes están forzando algunas medidas administrativas, como la prohibición de acampar en los Ibones de Anayet, que ha acarreado sanciones a quienes no han cumplido la norma. Sin embargo, creo que estaremos de acuerdo en que sería mucho más razonable no tener que llegar a generalizar medidas punitivas. Pero por el momento, la preocupación por el deterioro de entornos naturales causado por visitantes poco conscientes va en aumento.

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Manuel Marco Esco

Docente, sociólogo, jubilado, curioso.

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