10/06/2009

Video del Defensor del Menor de Madrid: Imagen de los jóvenes en Internet

Por Manuel Marco

A estas alturas es posible que todo el mundo haya visto el ya famoso anuncio publicitario del Defensor del Menor de Madrid. Sin embargo, creo que no está de más utilizarlo para hacer algunas reflexiones sobre el tema que plantea.

El vídeo se centra en uno de los riesgos que los menores corren al publicar su fotografías en Internet: su imagen es del dominio público y puede ser utilizada sin que el protagonista esté en condiciones de ejercer ningún control sobre la misma. Naturalmente, y el video incide en ello, lo que más nos asusta es que sea un reclamo para lo que se está denominando «depredadores sexuales», personas que utilizan este tipo de informaciones para elegir a las víctimas de sus agresiones sexuales. Es una posibilidad. Sin duda remota, pero nos asusta.

En el video se pueden ver otras situaciones peligrosas, que es más probable que ocurran, pero que no nos alarman tanto: La pérdida de intimidad de la persona afectada y la utilización de su imagen en el entorno en el que se mueve con sus iguales. Sin duda esto es más cotidiano y puede ser caldo de cultivo para acosos de diverso tipo. Hay que tener en cuenta que los adolescentes utilizan las redes para crearse una imagen. Este recurso a la red les permite complementar la imagen real, que les suele dejar insatisfechos, con elementos virtuales que les aproximan a su ideal y que quieren compartir con sus amigos y compañeros más cercanos. Si la imagen virtual se escapa de sus manos y es utilizada por personas conocidas como objeto de burla, de manipulación o de acoso, el daño es tremendo, porque se está destruyendo su imagen y su frágil autoestima con un recurso muy potente, que puede multiplicar sus efectos gracias a su fácil difusión.

Es muy importante que quien entra en la red, independientemetne de su edad, se situe como cuando sale a la calle: tiene total libertad de movimientos, pero es objetivo de las miradas de muchas personas. El control sobre la información que se transmite es esencial. Cuanto más datos se suministren, más difícil será controlar su uso posterior. Si salimos a la calle y no queremos que vean que hemos engordado, nos ponemos una ropa adecuada para disimular. Es incompatible querer ocultar nuestras carnes con lucir modelos frescos y ajustados. Lo mismo ocurre en la red: Si hay cosas que no queremos que nadie sepa de nosotros, no debemos compartirlas con nadie. Un buen filtro para decidir si queremos publicar una cosa o no es imaginar qué nos parecería que vieran esa imagen diferentes personas: amigos, enemigos, padres profesores, vecinos,… si nos produce cierta desazón pensar que alguna de estas personas está viendo nuestra imagen, mejor no la publicamos, porque es muy posible que llegue a verla.