19/05/2011

Piedra, tijera o papel

Por Manuel Marco

Hace unos días apareció en el tablón de anuncios de la sala de profesores de mi instituto una fotocopia de un artículo de la Vanguardia. En él se reseñaba un estudio realizado entre jóvenes estudiantes. Se les había preguntado qué soporte preferían para estudiar: el papel o los formatos digitales. Los encuestados se decantaban mayoritariamente por el papel. El compañero que había compartido la noticia con nosotros había añadido de su puño y letra un comentario a favor de la calidad de la enseñanza y en contra de los caprichos políticos en educación.

Días después otro compañero pinchó en el mismo tablón los comentarios que sobre esa noticia hacía el pedagogo catalán Pere Marqués. Esta vez no había comentarios al margen.

Me llamó la atención tanta actividad sobre las TIC a través de un medio tan tradicional y decidí acudir a las fuentes digitales: el artículo de la Vanguardia y el blog de Pere Marqués.

Es evidente que hay malestar en muchos centros con respecto al uso de las TIC, y ese malestar seguramente tiene orígenes diversos. Y es verdad también que hay muchas personas, docentes con inquietudes, que están trabajando día a día para lograr que las TIC sea un instrumento que ofrezca nuevas posibilidades para el trabajo en las aulas.

Una vez leídos los dos artículos, me queda la sensación de que buena parte del malestar de los docentes tiene que ver con la economía (escala de prioridades en los gastos del centro) y con el uso real de las TIC en las aulas: No parece razonable que la implantación de tablets y pizarras digitales en las aulas sirva únicamente para manejar los mismos libros que antes, pero ahora en pdf. Si ésta es la única opción comprendo a quienes prefieren el papel para estudiar. Tampoco tiene sentido pensar que las dinámicas de clase pueden ser las mismas con TIC o sin TIC. Y, por último, habría que luchar contra ideas extremas y alejadas de la realidad: unas que atribuyen a los ordenadores muchos de los problemas escolares y otras que asocian la mejora en la calidad de la enseñanza a mayores dotaciones tecnológicas.

Creo que la lectura de estos dos artículos y de los comentarios que los acompañan son muy sugerentes y nos dan una idea aproximada del estado de ánimo de la profesión docente con respecto a las TIC en el aula.