14/10/2020

Los límites de la educación en línea (II)

Por Manuel Marco

Empezábamos esta serie con algunas preguntas sobre la interacción entre tecnología digital y educación, preguntas que en sí mismas ya adelantaban los problemas fundamentales de la unión de estos dos mundos.

Queremos comprobar si hemos aprendido algo de nuestra experiencia de educación confinada, y lo hacemos apoyándonos en autores que ya han compartido su reflexión sobre el tema. Necesitamos conocer los límites de la educación a distancia para centrar nuestros esfuerzos en una educación equitativa. En este sentido Rogero-García (2020)1 considera que educar a distancia es una ficción sustentada en algunas bases inconsistentes, como la convicción de que se pueden enseñar contenidos esenciales a distancia, se puede contar con el apoyo de padres o madres cuando no está presente el docente, el hogar puede sustituir son problemas a la escuela, el sistema educativo está preparado para enseñar a distancia o la emergencia sanitaria no afecta emocionalmente al alumnado. El autor opone a estas falsas afirmaciones la evidencia de las necesidades educativas del alumnado en los diferentes niveles educativos, –material educativo adecuado, condiciones materiales, orientación y acompañamiento, interacción con sus iguales, organización del tiempo, …– necesidades que en la mayor parte de los casos se encuentran cubiertas, al menos en parte, en los centros educativos.

Para el autor las consecuencias de mantener esta ficción son el aumento de las desigualdades educativas, del estrés y la ansiedad del alumnado, familias y docentes, la pérdida de legitimidad del sistema educativo y una reducción de aprendizajes fundamentales que implican la interacción social.

Las propuestas de Rogero-García van en la línea de mejorar las condiciones educativas de los centros, implementar actuaciones educativas que frenen la segregación, flexibilizar el currículo, establecer sistemas de apoyo social para las familias vulnerables, prever las necesidades del alumnado frente a posibles confinamientos y dotar de infraestructuras y material a los docentes para la formación presencial y a distancia.

Aina Tarabini (2020)2va un poco más lejos y afirma que la situación de confinamiento no ha hecho más que evidenciar la tendencia de la escuela a expulsar al alumnado más vulnerable, “al no garantizar la transmisión de conocimientos profundos y relevantes para todos y todas las estudiantes”. Para la autora, la falta de profundidad y relevancia de los contenidos escolares, especialmente los adquiridos por los colectivos más vulnerables, es lo que los sitúa en el abismo del fracaso y el abandono escolar. Esta tendencia es anterior a la pandemia, pero se agudiza con ella, ya que el confinamiento elimina lo que ella considera condiciones imprescindibles para que la escuela tienda a la equidad: la presencia física y la interacción y la figura del docente, que queda desdibujada en la formación a distancia.


  1. Rogero-García, Jesús (2020). La ficción de educar a distancia. Revista de Sociología de la Educación-RASE, 13 (2) Especial, COVID-19, 174-182. http://dx.doi.org/10.7203/RASE.13.2.17126. ?
  2. Tarabini, Aina (2020). ¿Para qué sirve la escuela? Reflexiones sociológicas en tiempos de pandemia global. Revista de Sociología de la Educación-RASE, 13 (2) Especial, COVID-19, 145-155. https://doi.org/10.7203/RASE.13.2.17135. ?