08/12/2020

¿Enseñanza presencial o semipresencial?

Por Manuel Marco

En varias comunidades autónomas, incluida Aragón, el curso escolar comenzó con una nueva modalidad: la semipresencialidad. Los cursos de tercero y cuarto de Educación Secundaria, y los dos de bachillerato1, así como los de Formación Profesional, iban a tener clases presenciales días alternos, y el resto de los días trabajarían en su casa. De esta forma se reducía la ratio en las clases y se permitía garantizar la distancia de seguridad al tiempo que se reducían las aglomeraciones a las entradas y salidas de los centros y a las horas de los recreos. La medida, novedosa y aplicada muy a última hora, fue recibida con opiniones diversas. En todos los casos las diversas posturas se enfrentan a partir de lo que resulta prioritario para cada una de las partes. Para quienes creen que lo esencial es la seguridad, esta medida les parece bien. Incluso insuficiente en algunos casos. Para quienes ponen en primer lugar la equidad, la igualdad de oportunidades y la calidad de la enseñanza, la medida no es aceptable.

Intento recoger algunas opiniones a favor y en contra, tanto por parte de las familias como por parte del profesorado:

A favor:

  • El profesorado constata una mayor seguridad en las aulas, ya que resulta más sencillo garantizar las distancias de seguridad y la supervisión del cumplimiento por parte del alumnado de todas las medidas higiénico-sanitarias.
  • Entradas, salidas y recreos son menos problemáticas desde el punto de vista de la prevención: no hay tantas aglomeraciones y es viable gestionar los desplazamientos y las actividades del alumnado.
  • Aquellas familias que tienen miedo de que sus hijos se contagien en el centro educativo están más tranquilas, porque consideran que con esta modalidad de enseñanza hay más seguridad.

En contra:

  • El profesorado constata un aumento considerable de la carga de trabajo: ha de preparar las clases presenciales y las tareas y el seguimiento o de las mismas para los alumnos que se quedan en casa. Es muy difícil, además, que los dos grupos desdoblados lleven exactamente el mismo ritmo, lo que complica todavía más el trabajo.
  • Hay bastantes quejas, tanto por parte de las familias como por parte del profesorado, con respecto a diferencia de la calidad educativa de las clases presenciales con respecto al trabajo en casa. En casa hay más despiste, hay menos eficiencia, el alumnado que no tiene ninguna supervisión en su hogar tienda a bajar su rendimiento y al alumnado con dificultades de aprendizaje por motivos diversos no le ayuda la formación a distancia.
  • En la misma línea. Para algunas familias es un agravio comparativo que haya cursos que vayan a clase a tiempo completo y otros que lo hagan parcialmente. Creen que quienes van a tiempo completo disfrutan de una enseñanza de mayor calidad.

Pronto se cumplirán tres meses de clases y hay un cierto optimismo con respecto a la incidencia de la pandemia en los centros educativos. No parece que se hayan producido muchos contagios y, salvo algunas aulas cerradas por tener más de tres positivos diagnosticados, los centros han trabajado sin grandes novedades, siempre dentro de las limitaciones y servidumbres que la situación impone. El optimismo que se respira está animando las reivindicaciones de las familias que quieren que sus hijos acudan a clase de forma presencial. La presión inicial ya consiguió que los alumnos de segundo de Bachillerato se incorporaran a las clases a tiempo completo. Ahora hay un sector de las familias, aparentemente cada vez más numeroso, que pide que sea todo el alumnado el que regrese a las aulas de manera presencial. El asunto no es sencillo. Con todo el alumnado en los centros se complica y mucho el control de las medidas higiénico-sanitarias. Ahora que llega el invierno, la ventilación de las clases se convertirá en un problema añadido, ya que habrá que hacerla más a menudo al haber más alumnado en las clases. Y el profesorado no tiene muy claro cómo abordar tanto las necesidades educativas como las higiénico-sanitarias con el doble de alumnado que hasta el momento. No parece que vaya a haber más personal. Podrían incorporarse determinados apoyos técnicos, como medidores de CO2 o equipos con filtros HEPA para controlar mejor las condiciones de salud de las aulas, pero la gran incógnita es saber si con todo el alumnado en clase se podrá mantener la actual baja tasa de contagios en las aulas y si realmente la vuelta a las aulas en las condiciones que se dan en este momento será sinónimo de mejora de la calidad de la enseñanza para todo el alumnado.


  1. En Aragón, una vez comenzado el curso, segundo de Bachillerato recuperó las clases presenciales.