Un Ipad cuesta un riñón

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Leo en Heraldo de Aragón que un adolescente chino vendió uno de sus riñones para adquirir un Ipad, la tableta de Apple. Es lamentable que existan personas sin escrúpulos capaces de comerciar con órganos humanos, aprovechándose de situaciones de necesidad o de la falta de criterio de un joven obsesionado por un aparato de consumo. La noticia, al margen de su brutalidad, me ha sugerido una reflexión que quiero compartir en este espacio. Un joven es capaz de perder un riñón para conseguir su Ipad. Sin duda nos parece algo desproporcionado, irracional. No nos creemos capaces de hacer algo parecido y estamos tranquilos porque nuestros hijos no van a imitar al menor chino. Nada que objetar. Estamos de acuerdo. Sin embargo, yo creo que también hay algo de irracional en el consumo de tecnologías en nuestras sociedades occidentales. No llegaremos a traficar con órganos, pero el precio que se paga por algunos objetos para consumo de los niños y adolescentes escapa a cualquier análisis sensato. Muchos móviles de última generación cuestan trescientos euros o más. Es cierto que algunas compañías los ofrecen a cero euros, aunque en condiciones leoninas, que obligan a una permanencia de más de un año y con unos consumos medios que superan los 25 o 30 euros mensuales si sumamos las cuotas de voz y de datos. Y lo único que queremos es que nuestros niños tengan un móvil ¨para tenerlos localizados” o “por si les ocurre algo”. Hay una desproporción tal entre lo que se compra y el uso que se le quiere dar, que resulta muy difícil encontrar un explicación razonable. Los chavales llevan en sus bolsillos una tecnología pensada para crear las “oficinas móviles” de los profesionales. Sin embargo para ellos son sólo juguetes de entretenimiento y comunicación con sus iguales. A los profesionales y sus empresas  les compensa el elevado precio de estas máquinas porque logran eneficios y reducen otros gastos, pero, ¿compensa a una familia media española el gasto que supone un teléfono de estas caracerísticas para uso exclusivo de una persona menor de edad?. Por último, también llama la atención la gran preocupación que sentimos por los riesgos que acechan a nuestros hijos en la red, y por eso buscamos soluciones para controlar su uso en los hogares, pero no nos importa poner en sus manos un teléfono que los puede conectar a internet en cualquier lugar, sin ninguna limitación, que puede dar pistas sobre su ubicación, que,….. Es evidente que el poder de la publicidad es inmenso, pero nunca debería ser más fuerte que el sentido común.

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