Obsolescencia programada

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Con la excusa de la llegada de la TDT y el apagón analógico, Pedro de Alzaga reflexiona en Cuarto Poder sobre las verdaderas razones que mueven estos cambios tecnológicos y que convierten en obsoletos aparatos que hasta hace poco tiempo eran lo último en tecnología. Ni la calidad de los nuevos contenidos ni la supuesta universalización del servicio justificarían el coste de una transformación que en su mayor parte estamos pagando los usuarios y de la que se benefician los fabricantes de aparatos de televisión, de decodificadores, y las grandes empresas de comunicación.
En Periodistas 21 Juan Valera considera que el iPad, la nueva apuesta de Apple, es un ejemplo de un nuevo tipo de consumo tecnológico basado en el egoísmo,  los programas propietarios y el cese de la idea de compartir que siempre ha imperado en el desarrollo de las tecnologías al servicio del usuario. Quienes compran un iPad están adquiriendo un producto que dispone de su propio software y que no admite otros ajenos a los previstos por su fabricante. Además, los formatos utilizados no facilitan el intercambio de información, ni la posibilidad de utilizar los archivos en otros equipos como teléfonos móviles, ordenadores, lectores de libros electrónicos,…
Desde mi punto de vista estos dos argumentos pueden unirse en uno solo, ya que la informática, en su versión hardware, ya descubrió hace tiempo lo importante que era dosificar convenientemente los avances tecnológicos de forma que cualquier equipo quedara desfasado en unos pocos años. Primero se decía que un ordenador era viejo cuando sobrepasaba el lustro. Poco después la esperanza de vida de los equipos informáticos se redujo a tres años. Ahora es rara la marca que no presenta novedades cada seis meses. El objetivo es generar una dinámica de permanentes actualizaciones que invita al consumo continuado de productos tecnológicos sobre la base de la rápida obsolescencia de los productos. Si además los productos que compramos sólo pueden funcionar con sus propios programas, si no se pueden compartir sus contenidos, parece que la producción tecnológica se encamina hacia un control absoluto del negocio. Fabricantes y  productores de contenidos están obsesionados con no repetir la historia del nacimiento de Internet, momento en el que los usuarios fueron capaces de convertir la nueva tecnología en un espacio de intercambio y colaboración con muchos espacios y actividades libres del control comercial. Parece que la tendencia actual marca un camino diferente en el que lo social, lo relacional, lo colaborativo serán conceptos que quedarán aparcados si no se encuentra la manera de que pasen por caja. Se trata de consumir más, consumir más a menudo y consumir productos que se agotan en sí mismos, sin posibilidad de ampliar, modificar, intercambiar,… Avanza el control sobre la propiedad de los productos, avanza el marketing para venderlos. ¿Se arrincona el componente social de las TIC?

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