A propósito de los huérfanos digitales

Hace unos meses Genís Roca escribía una reflexión de la que me apropio para mi comentario de hoy. Decía en su blog que los niños actuales son huérfanos digitales, ya que crecen en la red sin sus padres. Me parece una idea sugerente, más atractiva que la ya  manida confrontación entre nativos e inmigrantes digitales.  De hecho llevo tiempo dándole vueltas y poniéndola en relación con la otra parte del problema: los padres. Y es que nos preocupan tanto los niños que tenemos la tentación de culpabilizar a los padres por lo que hacen, por lo que no hacen e incluso por lo que piensan. En este caso, si los niños crecen solos en la red podríamos suponer que la causa  es la deserción de los padres, el  abandono de sus funciones de tutela. Pero ¿por qué los padres no acompañan a sus hijos en su singladura por la red? Se me ocurren varias razones. Y sobre todas ellas destacaría una: no están en condiciones de acompañar a nadie porque el mundo virtual es para ellos un misterio. Y para culminar el despropósito, las únicas noticias que les llegan de la red no pueden ser más alarmantes y crípticas: Ciberacoso, grooming, bullying, sexting,….  Padres y madres querrían aprender a manejarse en la red para acompañar a sus hijos, pero los instrumentos de formación que se ponen a su alcance a menudo sólo insisten en los peligros, en la navegación segura a salvo de intrusismos, en la ciberdelincuencia,… No es muy agradable y, además, sospecho que resulta poco útil. Porque los padres salen de estas sesiones creyendo que saben algo más, cuando en realidad sólo han aumentado su catálogo de preocupaciones.  Quizás con un ejemplo sepa explicarme mejor: Si alguien quiere sacarse el carnet de conducir acude a un autoescuela. ¿En alguna de ellas comienzan la formación por los peligros de la carretera? ¿alguna de se limita a este tipo de formación?. Lo habitual es aprender a conducir y a conducirse, a manejar el vehículo en diversas circunstancias, a reaccionar con rapidez ante situaciones inesperadas, … Y a conducir con responsabilidad. Para ello se aprende teoría y se hacen prácticas de conducción. Se maneja un coche a pesar de que al año hay cientos de personas que mueren al volante. Y las clases las dan profesores de autoescuela, no la Guardia Civil de Tráfico ni el personal de urgencias de un hospital. ¿Nos fiaríamos de un conductor al que le hubieran dado el carnet porque conoce de pé a pá los peligros de la carretera, pero no ha conducido un coche en su vida? ¿Podemos imaginarnos a esta persona tutelando los primeros escarceos al volante de alguno de sus hijos?
Me temo que estamos haciendo algo mal en este asunto de la red y los menores, pero no con respecto a los chavales, sino en relación con sus padres. Porque la responsabilidad es suya, pero si los llenamos de miedos y complejos nunca van a asumir su papel. Quizás si les ofrecemos conocimientos y destrezas se sientan más seguros en su tarea.

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